ARTE PARA LA IGUALDAD: NI UNA MENOS, NI UNO MENOS


TAN SÓLO UNA MOTA DE POLVO

Llevo una hora en la puerta de la calle. Una hora de lluvia y de silencio.

Hace tiempo un hombre habló conmigo. Olía bien. Recuerdo el anillo dorado de su dedo meñique y la voz cautivadora en un susurro. Me enseñaba una fruta que aparecía como magia. En otro país de lengua ajena, tras los mares, siempre habría comida para mí. Y una escuela de letras y de juegos.

Luego arrastraba los pies a la cabaña. Me provocaba insomnios la soledad y el miedo. Al anochecer se repetían los golpes de ventana, suaves los primeros segundos. Mis ojos abiertos clavados en la cama, mi vida cerrada, aniquilada contra todo pronóstico, sin libros ni cuadernos, sin nadie para compartir el canto.

Y el recuerdo de aquellas fresas saliendo del bolsillo.

Vine a la ciudad de su mano y se fue como el aire.

El pan de la boca se gana con trabajo obligado: pintarse los labios de carmín, ocultar vestigios de violencia, impregnarse con perfume de puesto callejero, y esperar. Rogar con los ojos que alguien se acerque con deseo para que yo pueda tragarme la voz y las náuseas un puñado de veces cada día.

Si no viene nadie es peor. Como hoy, día de chaparrones y de encuentros solitarios.

El ser superior llegará a pedirme cuentas que no podré saldar. Me sé de memoria cómo sigue…

Tengo quince años y vivo aquí hace siglos.

Soy tan sólo una mota de polvo visible a las caricias, invisible a la vista.

 

María Jesús Franco Durán


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